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Suníes y chiíes forman alianzas que buscan un nuevo nacionalismo iraquí

La esperanza de muchos iraquíes es dejar atrás la división sectaria que ha marcado su país desde la invasión de Estados Unidos en el 2003. En las elecciones legislativas de hoy tienen la oportunidad de votar a partidos que trascienden las divisiones étnicas y religiosas, anteponiendo un nuevo nacionalismo iraquí.

Después de años de políticas sectarias que lo único que han dejado es desconfianza, amenazas, muertos, viudas, huérfanos, desplazamientos y exilios, muchos creen que ha llegado la hora de cerrar ese triste capítulo y encontrar elementos que los unan como nación.

Hace cuatro años, la anterior campaña electoral estuvo dominada por la alianza chií y entre los corrillos políticos se murmuraba que si el entonces primer ministro Nuri al Maliki obtenía la mayoría, el país iba a caer en una especie de nueva guerra sectaria. Y eso es lo que acabó sucediendo.

El Estado Islámico (EI) encontró apoyo en parte de la población suní, harta de las políticas sectarias impuestas por los gobiernos de mayoría chií que habían gobernado desde la invasión norteamericana en el 2003.

La violencia partidista dominó las elecciones del 2014 y anticipó el avance del EI

La violencia y la corrupción acabaron por forzar la caída de Al Maliki, que, meses después de las elecciones del 2014, cedió el poder al también chií Haidar Al Abadi. Fue este último quien tuvo la responsabilidad de trabajar para reconstruir las fuerzas militares, cuya fragilidad había quedado en evidencia durante el avance del EI, que llegó a controlar un 30% del territorio. El pasado diciembre, Irak dio por vencido al Estado Islámico y a su fantasmagórico califato.

“Ahora hemos visto que se han desmantelado las alianzas polí­ticas tradicionales y de repente vemos nuevas coaliciones que ­incluyen representantes de todos los sectores, y que hacen un én­fasis especial en los candidatos civiles”, explica la activista Hanna Edwards, que también se ­pregunta si esta voluntad de los políticos es real.

Lo que queda claro es que posiblemente los políticos no tengan otra opción. Hace un par de días el gran ayatolá chií, Ali al Sistani, dijo a través de su portavoz que los verdaderos creyentes no deben votar según líneas sectarias. Al Sistani, que es la personalidad más influyente en el país, también recordó que no apoya a ningún partido.

Alrededor de 7.000 candidatos compiten por los 329 escaños del Parlamento. Los principales líderes chiíes están divididos en diferentes alianzas que incluyen también líderes suníes y políticos seculares. Lo mismo pasa con las listas de los principales líderes suníes. El ejemplo más claro es la alianza Saerun, del popular clérigo chií Moqtada al Sadr, que incluye a los comunistas así como a grupos laicos de la sociedad civil.

El paro y la corrupción hunden la confianza en la clase política

“El sectarismo se ha terminado. Ahora estamos buscando a buenas personas, que no sean corruptas, y que no tengan doble nacionalidad –que no responda a intereses de poderes internacionales como Irán o Estados Unidos–”, sostiene Zeid, un joven seguidor de Sadr que asistía a una reunión política en el barrio de Al Habeiye, donde se vivió uno de esos dolorosos y violentos procesos obligados de distribución sectaria. De ser un área mixta, donde además de suníes también vivían palestinos, actualmente es habitado por una mayoría chií.

Zeid, que cambiaba de discurso cuando las cámaras dejaban de grabar, confesó que hoy no irá a votar, una actitud que está extendida en Bagdad, especialmente entre los jóvenes. “La gente está desesperada y tiene poca confianza”, explica Hanna, que enumera aspectos como el elevado desempleo y la corrupción como factores que minan la credibilidad de la clase política. De allí que en las listas haya nuevas caras y se incorporen nuevos temas al discurso. “Hace cuatro años sólo fuimos elegidos tres candidatos no adscritos a ningún grupo sectario, pero en el Parlamento hemos demostrado lo efectivo que es dejar atrás los discursos sectarios”, explica la parlamentaria y candidata Shuruk Taufik. Ahora todo el mundo habla de “coaliciones civiles”.

La diputada feminista Shuruk Taufik resalta que la democracia no ha servido para unir

Esta mujer secular, que recuerda que uno de sus grandes retos como parlamentaria es no dejar que los partidos islamistas tumben la legislación que defiende a la mujer y está en vigor desde 1959, cree que el verdadero problema de la democracia ha sido la incapacidad para crear instituciones sólidas que defiendan los intereses nacionales y no de diferentes plataformas políticas. Aquí nadie olvida que su democracia apenas tiene 15 años.

“Hablan del fin del sectarismo, pero utilizan este discurso para no hablar de otros temas realmente importantes como sus propuestas ante las mujeres, la sociedad, la economía, la corrupción y el mismo Estado”, asegura Shuruk.

Este nuevo sistema de alianzas determinará las negociaciones para elegir al nuevo primer ministro. Al Abadi puede repetir como primer ministro, pero también puede haber sorpresas.

“Hay que tener en cuenta el peso de EE.UU. e Irán”, en la política iraquí, opina Jalid, un economista que ayer se tomaba un té en la concurrida calle Mutanabi, sede del bazar de libros y antiguo punto de encuentro de los poetas y los intelectuales.

Bagdad está hoy llena de vida cuando hace cuatro años imperaba el toque de queda

En estos días la ciudad está llena de vida, con decenas de restaurante y espacios abiertos. Noches atrás, una larga fila de motos de gran cilindrada conducidas por jóvenes con cortes de pelo sacados de una película futurista hacía fila frente a uno de los puestos de control. Cuando recibieron la autorización para continuar, empezaron a hacer piruetas y acelerar entre los coches, una algarabía que contrastaba con el toque de queda que imperó durante las elecciones del 2014.

Para entonces Bagdad era víctima de una intensa oleada de coches bomba. La población estaba desmoralizada. Muchas cosas han pasado desde entonces. Nadie conoce el número de muertos en estos años de lucha contra el Estado Islámico pero son miles, también los desaparecidos, al igual que las familias que han quedado destruidas. Esto sin hablar del trauma y las heridas abiertas que ha dejado la guerra.

Hoy hay un sentimiento ambiguo en Bagdad. A pesar de la pesadilla de los últimos años, hay una necesidad de pasar página. Y la gente lo demuestra hablando libremente del hartazgo hacia la clase política y de la necesidad de buscar elementos de cohesión nacional. ¿Lograrán los políticos iniciar una nueva etapa donde el sectarismo haya quedado atrás?

La Vanguardia