Espinas y rosas

¿Qué parte ver del boxeo argentino actual? ¿La mitad del vaso llena, o la mitad vacía?

Lo ocurrido el último finde puede tomarse de las dos formas, porque ocurrieron cosas para reforzar ambas posturas.

El viernes por la noche, en la FAB, “apareció” El Avión Gauto. Agustín Gauto.

Casi que llenó el estadio como hacía tiempo no ocurría. Contagió clima, sacudió tribuna y seguidores como en otras épocas ya olvidadas, dio espectáculo, ganó.

Gauto tiene apenas 20 años y pesa 50 kg. Conquistó el título sudamericano mosca vacante por KOT 8 frente al hijo de un ex campeón del mundo, el venezolano Nohel “El Nene” Arambulet (homónimo del padre), de 22, que lo doblaba en experiencia: 17 peleas.

Claro, Gauto tenía apenas 7. Con esa cantidad, recién se había convertido en fondista, y solamente había combatido una vez a 8 rounds –aunque definió antes, en el 4º-. El resto fue a 4 y 6 vueltas frente a preliminaristas y semifondistas como él.

Según la interpretación reglamentaria que impera ahora en cierta parte de la dirigencia de la FAB, Gauto no podía combatir como fondista aún, por no tener 3 peleas en calidad de semifondista, es decir, a 8 vueltas.

Hay una contradicción peor: el bonaerense accedió al título sudamericano sin haber pasado antes por el argentino, donde marcha 2º en el ránking que lidera el jujeño Juan José Jurado como campeón, que dicho sea de paso, perdió por puntos este último sábado en combate a 6 vueltas frente a Luciano Baldor, 7º en gallo a nivel nacional. Y de hecho, la pelea fue en gallo.

Sin embargo, da la sensación de que éste chiquitín, que soñando un poco puede ser un nuevo Narvaes, o Rebeco –quizás se parezca más al mendocino por cómo pega abajo y va al frente, aunque también boxea y piensa-, les ganaría a todos los de su peso. Las peleas las necesitaría sólo para terminar de foguearse internacionalmente, pero no para cumplir requisitos reglamentarios locales.

La única duda es saber qué pasará cuando le peguen. Si posee o no absorción al castigo, y por sobretodo, guapeza. Cuando pegan, todos los boxeadores son cracks, pero un púgil se recibe de tal cuando recibe. Ahí es cuando se templa, se prueba y se muestra confiable.

Urge entonces un pronto desafío con el campeón argentino, pero sería bueno además que se vuelva a las fuentes, al orden primigenio, y que el título argentino se dispute antes que el sudamericano en la carrera de un boxeador, máxime cuando ésta recién arranca.

En el otro extremo está la derrota del ascendente mediopesado tucumano Facundo Galovar, de 24 años, que venía hilvanando una serie de nocauts espectaculares en los últimos tiempos.

Lo hizo frente al entrerriano Rolando Wenceslao “Peligro” Mansilla, un veterano de 32 años, 8º en el ránking nacional de los supermedianos, donde Galovar marcha 2º y comanda como monarca el platense Ezequiel Maderna. Fue por el título OMB latino de esta división que se encontraba vacante.

Lo llamativo es que Galovar era amplio favorito, no sólo por ser local y pelear en el patio de su casa, sino por juventud, nivel, y actualidad.

No fue sin embargo cualquier derrota: fue por KOT 5, con tres cuentas en ese mismo asalto, que el árbitro Ramón Moreno no tuvo más remedio que aplicar, con el agravante de que además había perdido todas las vueltas.

¿Tanta diferencia pudo haber habido entre ambos, o habrá tallado el aburguesamiento, el mal entrenamiento, o la exigencia por dar un peso que le cuesta, siendo que sus mejores performances las tuvo como mediopesado?

Pero eso no es todo: Galovar, que marchaba 12º en el ránking OMB latino (último lugar del mismo) perdió ante un rival que ni siquiera figuraba, y por ende no debió haber estado habilitado para combatir por esa corona. No obstante, justo es reconocer que la OMB es de los pocos organismos que al menos posee un ránking de estos títulos regionales, aunque no lo respete.

Luego se supone que una corona vacante debiera ser dirimida entre los 2 ó 3 primeros del escalafón, algo que tampoco se cumple, lo cual le quita la escasa seriedad que estos cetros tienen.

Y en tren de analizar datos, Galovar venía de vencer por KOT 1 en su última pelea a Juan Juárez en enero de este año, mientras que Mansilla lo hacía de perder sus 2 últimas y únicas salidas en 2017, una de ellas por KOT 2 y la otra a 6 rounds. Es decir, hasta desde lo moral estaba impedido para disputar cualquier cetro. Peor currículum imposible.

¿Cuál es entonces la realidad de las realidades? ¿Cuál es la lógica de los reglamentos en estos momentos tan dispares? ¿Estamos yendo para arriba o para abajo? ¿Tenemos promesas firmes o de cartón? ¿Vaso medio lleno o medio vacío? ¿Precipicio o mar?

Winston Churcill decía en una de sus famosas frases: “optimismo es ver una oportunidad en toda calamidad. Pesimismo es ver una calamidad en toda oportunidad”.

Diario Popular