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El flujo migratorio a países de la OCDE se reduce por primera vez desde 2011

En pleno debate migratorio en ambas orillas del Atlántico, el flujo de extranjeros recibido por los países de la OCDE ha descendido por primera vez desde 2011. Algo más de cinco millones de personas emigraron de forma permanente el año pasado a alguno de los 37 países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, una disminución del 5% en comparación con 2016. La explicación, detallan los últimos datos provisionales del organismo publicados este miércoles, está en la importante caída en el número de refugiados, en particular en Alemania.

La principal economía de Europa, el país que abrió sus puertas a los refugiados y que en tan solo dos años recibió más de un millón de solicitudes de asilo, registró un brusco descenso el año pasado: unas 200.000 peticiones de protección internacional frente a las 750.000 de 2016, a la vez que Europa en su conjunto experimentaba una reducción del 44%. El cierre de la ruta balcánica y los compromisos de la canciller Angela Merkel no han podido sin embargo alejar al país de la cabeza de las estadísticas. Sumida en un tenso debate acerca de cómo gestionar la política migratoria que está haciendo tambalear al Gobierno, Alemania sigue siendo el país de la UE con más solicitudes, pero deja de ser el primero de la OCDE, puesto que ocupaba desde 2013. Ahora es el segundo, solo por detrás de Estados Unidos (con 330.000), que se coloca en cabeza después de un aumento del 26% en las peticiones.

Thomas Liebig, uno de los autores del informe, confirma que la situación de Alemania es clave para comprender la dinámica migratoria. “Pero la migración intraeuropea como consecuencia del Brexit también está estable o bajando”, explica en conversación telefónica. También Suecia, Austria y Finlandia, países que acogieron a un número elevado de refugiados al igual que Alemania, registraron un descenso en el número de extranjeros que vivían de forma permanente dentro de sus fronteras en 2017.

La cifra de emigrantes, aunque haya disminuido en comparación con 2016, sigue siendo más elevada que en periodos anteriores. Hasta 2016, los flujos migratorios en general y humanitarios en particular crecieron de forma constante durante tres años consecutivos, principalmente a causa del recrudecimiento de la guerra en Siria y la inestable situación en países como Afganistán e Irak. Las solicitudes de asilo llegaron entonces a batir todos los récords en el área con más de 1,6 millones de demandas en 2015 y 2016; en 2017 bajaron hasta los 1,23 millones.

En 2016 también fue importante la migración familiar, que representó casi el 40% del total del flujo migratorio. De igual manera creció la migración por trabajo temporal y la contratación de trabajadores estacionales. El año pasado, en un contexto de crecimiento estable en la zona euro, la tasa de empleo de los migrantes en la zona OCDE ha mejorado de manera significativa en comparación con los niveles pre-crisis. La tasa de paro de los extranjeros disminuyó en más de un punto porcentual, hasta el 9,5%, y la ocupación subió del 65,7% al 67,1%.

El organismo, que solo contabiliza como refugiados a las personas que ya hayan recibido una respuesta positiva a su solicitud de asilo, es cauto sobre las previsiones futuras. “Creemos que va a seguir habiendo mucha inestabilidad e incertidumbre”, dice Liebig. “Hay muchos factores de inestabilidad que hacen difícil hacer previsiones, como los flujos irregulares en el Mediterráneo, la crisis en Venezuela o las zonas de conflicto como Turquía”, enumera.

El País