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Duelos: la importancia de aceptar y enfrentar la pérdida

En esta época, las personas negamos el dolor, tratamos de escapar hacia adelante como si pudiéramos evadir el sufrimiento. Los duelos se han acortado dramáticamente. En el pasado, el luto duraba al menos un año y se veía reflejado con algún detalle negro en la ropa del sufriente, como un aviso a los otros para que lo acompañen y sean tolerantes con su forma de actuar marcada por el dolor.

El duelo es el proceso emocional normal con el que nos adaptamos a una pérdida irreversible o que se vivencia como definitiva de cualquier objeto valorado. Si bien cuando hablamos de duelo, generalmente nos referimos a la pérdida sufrida por la muerte de algún ser querido, también debemos elaborar un duelo en otras situaciones de pérdida como por ejemplo en una separación de pareja, el despido en un trabajo, el alejamiento de un familiar o un amigo, la muerte de una mascota, el cambio socioeconómico que se da ante la jubilación, etc.

En otras palabras, el duelo es la respuesta adaptativa normal a cambios importantes en nuestra vida que implican algún tipo de pérdida de objeto o situación con la que tenemos un fuerte vínculo emocional y que produce síntomas psicológicos y físicos, tales como falta de energía, disminución del apetito, alteración del sueño, ira, confusión, depresión, sentimientos de culpa, sensación de abandono, llantos incontrolables, comportamientos de aislamiento, entre otros.

No hay un tiempo típico o “normal” para superar estas situaciones y dependiendo de la importancia de la pérdida y las características de personalidad de cada uno, se resolverá a distintas velocidades.

FACILITAR EL CAMINO

Independientemente del ritmo de cada persona, lo que sí está claro es que siempre es un proceso que hay que atravesar y que el acompañamiento de los seres queridos puede facilitar el camino.
Lo esperable es que poco a poco el dolor disminuya, que los síntomas se diluyan y que podamos continuar adelante con nuestras vidas. Si a medida que transcurre el tiempo no hay mejora o si se agrava el dolor, lo mejor es pedir ayuda a un profesional.

Cabe reflexionar sobre algunas cuestiones a tener en cuenta:

* Hoy queremos resolver todo rápido y de forma inmediata, pero es importante entender que la tristeza, para poder ser superada, debe transitarse.

* Escapar del dolor maniacamente no resuelve nada, sólo pospone el sufrimiento y empeora la posibilidad de recuperación. Es necesario enfrentar y aceptar la pérdida para poder superarla.

* El tiempo que lleva el proceso de duelo es variable y depende de muchos factores, pero el acompañamiento y la comprensión de los seres queridos ayuda a una mejor y más rápida recuperación.

* No expresar el sufrimiento empeora las cosas, no se debe reprimir el dolor ni el llanto, es aconsejable abrirse y compartir lo que uno siente.

* Una pérdida no se elige, llega sola, pero su elaboración es un proceso activo de reacomodamiento y puede ser una oportunidad para ordenar las prioridades y poner en su lugar lo que es verdaderamente importante y lo que no. Es necesario hacer lo propio y recordar las palabras de Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

Lic. Santiago Bonomi
Psicólogo (M.P. 98.039)

La Prensa

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