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Un 10% de los adultos mayores padece vértigo posicional paroxístico benigno

El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) es la causa más común de vértigo. Se estima que entre un 2 y 3% de la población adulta puede padecer episodios de VPPB. Sin embargo, con el correr de los años este tipo de vértigo se vuelve más recurrente, ya que entre un 6 y 10% de los adultos mayores de 60 años lo padece en algún momento. Es en este grupo de personas la triada de mareos, inestabilidad y vértigos son los síntomas más frecuentes.

El VPPB es generado tras un movimiento repentino de la cabeza, como al inclinar la cabeza hacia arriba o hacia abajo, al acostarse o levantarse o al girar la cabeza bruscamente. Esto causa mareos breves que pueden variar en su intensidad. El paciente siente que él o su entorno se está moviendo o rotando y, si bien se prolonga entre 10 y 60 segundos, genera una sensación de inestabilidad que provoca mucha angustia en cada episodio. Esta repetición del síntoma es característica cada vez que se gira la cabeza (lo más habitual es que ocurra al flexionar la cabeza para colocarse los zapatos o al extender el cuello al buscar algo en una alacena alta).

Al tratarse de un síntoma que tiene su origen “dentro de la cabeza” puede generar una preocupación, a veces innecesaria, de un cuadro neurológico severo.

El VPPB encuentra su origen en un mal funcionamiento del oído interno, que está formado por el órgano de Corti (especializado en audición) y el laberinto. Este último está compuesto por tres conductos, llamados canales semicirculares y unas estructuras llamadas ampollas. Estas estructuras están tapizadas en su parte interna por un tejido muy especializado que es capaz de registrar los movimientos del líquido que circula en su interior. Cuando uno se mueve, el líquido se desplaza dentro de estos túbulos, y la información de movimiento de la cabeza es recibida por el cerebelo y los núcleos vestibulares, que, luego de algunas conexiones con otras estructura del cerebro, permiten lograr “un equilibrio deseado”, ajustando la tensión muscular en la columna o balanceando los miembros, todo esto de manera inconsciente.

Cada uno de los conductos, por su disposición espacial, se activa según el movimiento que haga la cabeza.

En 1921 se describió este cuadro médico y la teoría más aceptada, es que “navegarían” en este líquido del laberinto algunas partículas que estimularían al epitelio especializado, haciendo creer al cerebro que el cuerpo se está moviendo más exageradamente de lo que realmente lo hace.

LAS CAUSAS

Si bien no se han podido definir con exactitud las causas que originan la aparición de este problema, existen diversos factores que aumentan el riesgo de padecer VPPB. La edad y el sexo son los dos principales, ya que se ha demostrado que los adultos mayores tienen mayores episodios de VPPB y son más prevalentes en las mujeres.

Otros desencadenantes pueden ser: infecciones de oído crónicas y los traumatismos de cráneo, independientemente de su magnitud.

Además del vértigo propiamente dicho, los síntomas que pueden acompañar el cuadro son náuseas y vómitos. Especialmente en los adultos mayores, el riesgo de caídas se ve muy aumentado, con una importante incidencia de fracturas, especialmente de cadera.

El diagnóstico es clínico, a través de una buena descripción de los síntomas y un minucioso examen otorrinolaringológico y neurológico.

En la mayoría de las ocasiones se puede determinar la presencia de VPPB con una simple prueba en el consultorio médico, a través de la llamada maniobra Dix-Hallpike. En este examen, el paciente deberá sentarse en la camilla con las piernas estiradas, mientras el médico le volteará la cabeza hacia un lado a la vez que inclina el cuello levemente hacia atrás. Luego, recostará al paciente rápidamente boca arriba con la cabeza apoyada y buscará movimientos oculares anormales (nistagmo) y le preguntará si experimenta una sensación de vértigo.

Si este examen no evidencia la presencia de VPPB, se podrán solicitar estudios adicionales, que incluyen pruebas de audiometría, exámenes de sangre, resonancia magnética o tomografía axial computada.

Este tipo de vértigo no tiene relación con el vértigo prolongado ni con los ataques recurrentes de vértigo, que son entidades diferentes, las cuales se pueden diferenciar claramente en el relato de los síntomas.

Otros diagnósticos posibles ante episodios de vértigo son la neuronitis vestibular (inflamación del nervio que transmite la información del laberinto al cerebro), la enfermedad de Méniere (ataques recurrentes de vértigo asociados a disminución de la audición), la insuficiencia vertebrobasilar (trastorno circulatorio del territorio posterior de la cabeza) y el vértigo como síntoma equivalente de migraña.

MANIOBRA CLAVE

Por lo general, para este tipo de vértigo no se indica un tratamiento farmacológico, sino que, de la misma manera que se realiza el diagnóstico, puede ejecutarse el tratamiento. En este caso, se realiza lo que se conoce como Maniobra de Epley.

Se trata de una técnica de reposicionamiento canalicular, que consiste en realizar determinados movimientos con la cabeza y mediante la cual se “acomodan” estas partículas en el oído. Estos ejercicios pueden aliviar hasta el 80% de los casos de VPPB. Si bien se trata de un tratamiento simple, la maniobra de Epley debe ser realizada por un médico, fisioterapeuta u otro personal de la salud entrenado para este fin.

Esta técnica consta de cuatro movimientos de la cabeza y el cuerpo, que van desde sentarse, hasta acostarse, rodar y nuevamente sentarse.

* Primer movimiento: comienza desde una posición sentado en la camilla (como en la maniobra Dix-Hallpike), con la cabeza rotada 45 grados hacia el lado afectado. Luego, el médico recostará al paciente con la cabeza apoyada y rotada para ese mismo lado durante uno o dos minutos.

* Segundo movimiento: el paciente deberá girar la cabeza 90 grados hacia el otro lado y permanecer así durante unos segundos.

* Tercer movimiento: el paciente deberá girar el cuerpo hacia el lado donde tiene inclinada la cabeza hasta colocar la línea de los hombros vertical a la camilla. Luego, deberá girar la cabeza de forma que quede mirando hacia el suelo y permanecer así durante dos minutos.

* Cuarto movimiento: el paciente deberá incorporarse lentamente hasta volver a la posición inicial. Una vez sentado, el médico o fisioterapeuta flexionará suavemente la cabeza del afectado hacia adelante durante no más de 30 segundos.

Para completar el tratamiento y potenciar su efectividad es necesario mantener durante el resto del día y la noche la cabeza en una posición donde el oído afectado no esté por debajo de los hombros. Es decir, que no se deberá dormir o recostarse sobre ese lado ni realizar actividades que obliguen al paciente a agacharse o hacer algún esfuerzo. Para dormir, se pueden colocar varias almohadas debajo de la cabeza, de manera que quede más elevada que el nivel de los hombros. Esta rutina deberá realizarse durante dos o tres días posteriores a haber hecho el tratamiento con la maniobra de Epley.

Es indispensable que el tratamiento lo ejecute un profesional, debido a que los síntomas del VPPB pueden aparecer en el medio de estos ejercicios.

En la mayoría de los casos, la maniobra de Epley pondrá fin al VPPB. En ocasiones, el vértigo puede regresar luego de unas cuantas semanas, para lo cual será necesario repetir el tratamiento. En el caso de que los vértigos continúen, se deberán evaluar otros causales.

Dra. Gabriela Ferretti
Médica clínica, médica neuróloga, auditora médica y médica legista. Vicepresidente de la Asociación de Peritos de la Salud de la Ciudad de Buenos Aires (M.N. 81.108)

La Prensa

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