River sacó un empate con perfume a triunfo

Boca vivió como una derrota el 2-2 en La Bombonera. Esta es la sensación que dejaron los jugadores y los Barros Schelotto. Y de yapa los hinchas. Esa sensación inocultable arrojó el empate. La de una frustración boquense, que hasta se expresó en las puteadas repetidas de Tevez a varios de sus compañeros al final del partido, intentando que se retiren de la cancha con la cabeza levantada para no darle pasto a las fieras. Pero el peso del 2-2 inexorable en el partido de ida por la final de la Copa Libertadores terminó cayendo como un verdadero mazazo para el sentimiento xeneize.

En realidad, no fue superior Boca a River como para imaginarse ganador. No lo fue en el desarrollo del juego, aunque al finalizar el primer tiempo se fue al descanso con un 2-1 arriba producto de dos estupendas resoluciones de Wanchope Abila y de Benedetto (ingresó por el lesionado Pavón promediando la primera etapa) con un cabezazo que pareció una remake de aquellas apariciones fulminantes de Palermo, sorprendiendo a todos para imponerse en las alturas.

 

 

Este Boca ya tiene esa caracterización: no precisa elaborar para concretar. No necesita ser mejor que su adversario para sacar diferencias. Tiene el gol fácil. Porque queda muy claro que es un equipo de apariciones. Y en el marco de esas apariciones ofensivas en muchísimas oportunidades ha resuelto los partidos. Porque juego colectivo no registra. No arma juego, directamente. No construye circuitos. No se junta en el toque y la descarga. Más bien que empuja, como pretendió empujarlo a River después del 2-2 (formidable pelota parada que ejecutó el Pity Martínez e Izquierdoz en su afán de despejarla la acarició de cabeza para clavarla en el segundo palo), pero no se le caen ideas que exhumen talento en función de ataque. Lo suyo es otra cosa.

Es esperar esa figura quizás tan abstracta pero tan real como son las apariciones, que en este caso revelaron los goles de Abila y del angelizado Benedetto, a pesar de que en el cierre del partido se le cerraron todas las ventanas cuando quedo solo frente a Armani (de floja respuesta en el primer gol de Abila) y remató con muy poca convicción al cuerpo del arquero. Y es particular lo de Benedetto. Cuando no dispone de tiempo para pensar la maniobra, ejecuta con una determinación y agresividad notable. En cambio cuando tiene tiempo para elegir, como en la jugada del epílogo, pierde efectividad. Como si le taparan los ojos en el instante menos indicado.

Si a Boca el empate le cayó como una bomba de efectos indeseados, a River lo colmó. No porque haya salido desde el arranque con el propósito de aguantar el encuentro. No fue esa la intención estratégica. Ni la postura del equipo en la cancha, más allá de la presencia de Martínez Quarta para fortalecer el fondo.

Es más: lo mejor de River se vio en el primer tiempo, cuando manejó la pelota, los tiempos de la entrega e incluso las situaciones de gol, varias de ellas bloqueadas por la actuación sin errores del arquero Agustín Rossi, seguramente en su producción más destacada con la camiseta de Boca.

¿Qué le faltó a River para someter a Boca en los primeros 45 minutos? Precisamente, la resolución ofensiva que distingue a Boca. Ese golpe de nocaut. Porque en ritmo, criterio, capacidad para entender las coordenadas del partido, abriendo la cancha y desprendiendo a volantes y laterales a los espacios, River se reencontró con una versión inteligente para plasmar su juego.

Igual no le alcanzó. A pesar del muy buen desempeño de Pratto, sensible y potente (como se lo vio en el primer gol) para ir y complicarles la existencia a Magallán e Izquierdoz. Borré no estuvo en esa sintonía. Y el Pity Martínez tuvo aire y piernas durante 60 minutos. Con el 2-2 en el bolsillo, River cambió su libreto original: priorizó protegerse. Y se protegió sin sufrir grandes sobresaltos, salvo esa pelota que le quedó a Benedetto cara a cara con Armani, cuando el gol parecía inminente.

La igualdad, en general, no podría discutirse. Pero las interpretaciones son muy distintas. La lectura de Boca abreva en la decepción. Y hasta en los fantasmas que últimamente River le coloca debajo del mantel. Porque el sábado 24, Boca tendrá que ir a jugársela al Monumental. A sacar un empate para ir a los penales o a ganar.

La ventaja de River se enfoca en ser local y en poder contar con Ponzio y Scocco. Y otra ventaja se concentra en un plano invisible: en estos tiempos River suele imponerle condiciones a Boca.

Eso quedó flotando en la atmósfera de La Bombonera. Y eso podrá confirmarse o evaporarse dentro de dos semanas en el estadio de River. La vigilia no tendrá equivalencias.

Diario Popular

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