Espert: Macri jamás quiso hacer nada­

El Presidente mintió en campaña, acusó el economista, y definió a Cambiemos como un gran organizador de eventos­. A la clase media la exprimieron para el `programita populista’ de siempre, gatilló el novedoso aspirante al sillón de Rivadavia por una coalición liberal. En diálogo con La Prensa, propuso dejar atrás el horror K y la mediocridad macrista.­

En la Argentina, en general, casi todo se piensa mal desde el punto de vista económico; si pensar como lo hacemos estuviera bien, nos iría bien, advirtió Espert.
Aquello que haga falta para sacar a la Argentina adelante, el economista José Luis Espert asegura entenderlo y, no menos importante, saber cómo aplicarlo. No es idealización ni grandilocuencia, dice, sino la adaptación de buena praxis de países que hoy resultan comparables con el nuestro. Perú y Chile, a la cabeza.­

En diálogo con La Prensa, el experto analiza cómo surgen las crisis y qué dejan a su paso. Viejos vicios, errores de siempre y alternativas superadoras forman parte de la radiografía económica que ofrece el futuro aspirante a presidente, con curioso resonar a un `Jair Bolsonaro’ made in Pergamino.­

– ¿Se volvió la Argentina un sinónimo de crisis?­

– Desde lo económico, en el país impera y se retroalimenta un sistema cuyo funcionamiento produce un resultado, que es decadencia. La Argentina es crisis, sí, porque tiene un mecanismo que, a la larga, produce esa crisis. Siempre.­

– ¿No recuerda ni un momento de bonanza en nuestra historia?­

– En medio siglo, podemos hablar de unos diez años de veranitos.­

– ¿Cómo se compone este sistema generador de crisis?­

– Hay tres grandes ganadores en esto: los empresarios prebendarios; los políticos, categoría que incluye a varios actores, y el sindicalismo.­

– ¿Qué lugar considera que le dio el país al sindicalismo?­

– Sus dirigentes no sólo son señores feudales, sino que forman parte de monarquías hereditarias.­

– ¿Qué diría que habilita el funcionamiento de este engranaje?­

– Son elementos que no se explican por sí solos, sino por su interacción. Es un aceitado mecanismo de relojería -para el mal, por supuesto- que arrancó hace casi un siglo y se ha ido perfeccionando.­

– ¿Qué consecuencias tangibles trae chapotear de crisis en crisis?­

– Crecés poco. La crisis es inherente al sistema, forma parte de su ADN, es de lo que se enriquecen estos tres grandes actores.­

– ¿Y la sociedad mira para otro lado mientras la pasan por encima?­

– La sociedad valida el accionar devorador de esta troika. Eso planteo en mi segundo libro, `La sociedad cómplice’, que saldrá publicado el 1º de febrero.­

– ¿Es complicidad o sumisión?­

– No me gusta hablar de sumisión, porque creo que uno es dueño de su destino. Somos responsables de lo que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida.­

– ¿Qué evidencia da nuestra historia de esta `complicidad’?­

– Yo veo un país que hace 35 años que vota, y que en democracia tuvo las dos peores crisis: la hiperinflación y 2001.­

– ¿De qué destino será dueña la sociedad, en octubre de este año?­

– Con el sistema que impera en la Argentina, no importa si son radicales, peronistas, desarrollistas, cambiemistas, kirchneristas o menemistas. Todos hacen más o menos lo mismo.­

– ¿Es decir…?­

– Con economías más cerradas o más abiertas al comercio, a la larga, todos hacen lo mismo.­

– ¿Y qué hace pensar que con usted la rueda no vuelve a rodar?­

– Después de mucho tiempo, la Argentina vuelve a tener una oportunidad, que no sé si es histórica, pero es una chance no sólo de dejar atrás a Cristina (Fernández de Kirchner) en una segunda vuelta; sino de votar contra la mediocridad de (Mauricio) Macri en las PASO y en primera vuelta.­

– ¿Qué propone, en concreto?­

– Al cambiemista desencantado que le tiene miedo a Cristina le digo que somos una alternativa muy superadora. Nuestra propuesta es hacer la inversa de lo que la Argentina está haciendo. Es un camino largo y gradual, de 180 grados.­

– Suena osado…­

– Otros países lo han hecho. Somos absolutamente realistas. No proponemos algo que ocurre en Marte. Pasó en Chile y Perú. Ni siquiera estoy hablando de países con los que antes nos podíamos comparar -naciones, en su momento, emergentes, que hoy son desarrolladas, como Australia y Nueva Zelanda-.­

– ¿Y Cambiemos no llegó a la escena con la misma idea de giro copernicano?­

– No. Cambiemos es un excelente producto de marketing. Son geniales organizadores de eventos. Lo vimos con el G20.­

– ¿No puede ser entendida esa faceta como una forma de gestión?­

– Para todo lo que sea superfluo, Cambiemos es extraordinario.­

– ¿Nunca confió en el macrismo?­

– No.­

– ¿Qué le va a reclamar el electorado macrista al Presidente en octubre?­

– No tengo la menor idea. Puedo hablar de mis propuestas específicas de campaña.­

CUENTAS EN CASA­

– ¿Fue consistente Macri con su plan económico?­

– El Presidente es parte del problema, no de la solución.­

– ¿Cuál es, entonces, un eje a mejorar, económicamente hablando?­

– La Argentina tiene que tirar a la basura el proceso de sustitución de importaciones. Por definición, a nadie le puede ir bien con ese proyecto económico de país. Los partidos se ganan atacando, no colgado del arco para que no te metan goles.­

– ¿Y cómo picamos hacia el arco rival para comercializar con el mundo?­

– Con una economía abierta. Nunca vamos a vender, si no compramos.­

– ¿No cree que haya habido avances en materia de exportación?­

– No. El año pasado tuvimos una crisis, producto de los errores fiscales del Gobierno. La formidable devaluación probablemente relance un poco las exportaciones, además del crecimiento económico que ya se empieza a ver en Brasil, con Jair Bolsonaro.­

– ¿Qué más deberíamos hacer para fortalecernos, sin fundirnos en el intento?­

– Las otras dos cuestiones son bajar los impuestos y los costos laborales. Y para poder bajar impuestos, dado el déficit, hay que hacer una baja formidable de gasto público. Hace falta una reforma estatal, estructural y profunda.­

– ¿Qué visión tiene respecto del funcionamiento del Estado?­

– Tiene que ser repensado como algo que produce bienes públicos. No es una agencia de empleo ni de subsidios.­

– ¿Y qué propone hacer acerca de los costos laborales?­

– Hay que reformar por completo las cuatro leyes clave sobre las que se asienta todo nuestro armado legal laboral: la ley de Contratos de Trabajo; Convenios Colectivos de Trabajo; Asociaciones Profesionales, y Obras Sociales.­

– ¿Cómo se implementa esto?­

– Tiene que ser gradual. Poco se puede hacer inmediatamente. Pero gradualismo, en serio. No como lo que hizo este Gobierno.­

– ¿Qué es lo que identifica que salió mal con Macri?­

– Que jamás quiso hacer nada, salvo ganar elecciones. Cambiemos enmascaró el gradualismo con no hacer. Y así terminamos, con una crisis cambiaria que nos depositó en el Fondo Monetario Internacional, por vez número veintisiete en cincuenta años de fracaso (desde el primer acuerdo con el organismo).­

– ¿Considera que Cambiemos gobierna para todos?­

– Hay una declaración de hace poco tiempo de Nicolás Massot en la que anunciaba que ellos gobernarían para un sector social diferente al que los votó.­

– La clase media los votó…­

– Sí.­

– ¿Y qué hizo Macri con este grupo?­

– Lo dejó en el olvido. No fue prioridad. A la clase media la mataron. Y, no sólo eso, se la exprimió a tarifazos, devaluaciones, impuestazos, como pocas veces ha ocurrido.­

– ¿Adónde fue esa plata?­

– Al programita populista de siempre, a piqueteros y a sindicalistas. Mientras tanto, pobre pyme; pobre el autónomo; pobre el asalariado privado en blanco. Pobres todos nosotros.­

`CARADURA’­

– ¿Cuál fue el mayor error de Macri en términos de déficit fiscal?­

– A la par del aumento de tarifas, debería haber hecho un ajuste adicional por el lado del gasto. Porque el ajuste de tarifas es la baja del gasto público más fácil de hacer. ¿Cómo bajó el Estado el gasto en subsidios? Cobrándole más tarifas por los servicios públicos al privado.­

– ¿Y eso está mal?­

– Para nada. Hay que pagar por las cosas lo que las cosas valen. Y es cierto que era ridículo cómo el kirchnerismo subsidiaba los servicios públicos. Pero, si esa es la única fuente de baja de gasto público, es muy caradura.­

– Básicamente, no es ese el único rojo en nuestra herida fiscal…­

– El problema fiscal de la Argentina está centrado en el sobreempleo público; un sistema de seguridad social quebrado, y el otorgamiento de un millón de pensiones por invalidez que, salvo que la Argentina haya pasado por una guerra, hoy están mal dadas (había 200 mil pensiones en 2003, y hoy hay más de un millón). De esto Macri nunca se encargó.­

– ¿Qué recepción cree que tendrían sus ideas entre los más jóvenes?­

– Si hay un sector entusiasmado con los cambios propuestos es el de la juventud, claramente. El joven de hoy, de 16 años para arriba, es genéticamente liberal. Quiere vivir su vida sin injerencia del Estado; sin entregar, como lo hizo su padre, el 60% de su trabajo.­

– ¿Y cómo se resuelve el problema previsional?­

– Hay que eliminar el sistema de reparto. Volvería a un sistema de capitalización. Pero, en lugar de que sea privado, como en los ’90 (lo que generaría más déficit, entrando en una situación dramática con la deuda), lo mantendría dentro del sistema estatal, `a la sueca’. O sea, sin perder el aportante del Estado.­

BALANCE­

– ¿Qué saldo queda tras cuatro años de macrismo?­

– El balance de la gestión es negativo. Pero está compuesto, desde ya, por negativos y positivos.­

– ¿Qué cristaliza como positivo?­

– Haber puesto nuevamente el Indec a trabajar bajo el mando de una persona proba, idónea y limpia, como Jorge Todesca; dejar de hacerle la guerra al campo, como lo hizo el kirchnerismo; haber eliminado el cepo cambiario y habernos sacado del default sin crisis; haber licuado un poquito, no mucho, la gran preeminencia de la Argentina en su relación con China han sido todas excelentes decisiones del Gobierno.­

– Por un instante, suena entusiasmado. ¿Si Macri lo llamara, accedería?­

– Para asistir al Gobierno, sí. Para ser miembro, no. Quiero tener garantía de que lo que en mis convicciones hay que hacer, se haga. Creo que la mejor alternativa es algo absolutamente nuevo. No como hizo Macri, que mintió en campaña, y, cuando quiso hacer una pequeña cosita, se le prendió fuego el país.­

– ¿Qué lo hace atractivo como candidato?­

– No estoy ingresando a la política dentro de un Cambiemos, un radicalismo o un peronismo. Estoy trabajando por las mías, es otro camino. Y creo que la sociedad está abierta a otras opciones, consecuencia del horror que fue el gobierno de los Kirchner y el fracaso del macrismo.­

– ¿Quiénes lo van a acompañar?­

– No doy nombres. Todavía no empezó la campaña.­

– ¿En qué electorado apunta a apoyarse?­

– Mi propuesta va en defensa de la gente de trabajo; quienes pagan impuestos; quienes sufren los cortes de calles y toleran que trámites simples demoren semanas; quienes padecen el sistema de economía cerrada, impositiva y de costos laborales que los devoran.­

– ¿Tiene algo para decirle hoy al votante de Cambiemos?­

– Que no tenga miedo de votarnos. Y que no crea el cuento acerca de que votar algo distinto de Cambiemos es tirar el voto, generando que Cristina vuelva. Todos juntos evitamos que ella vuelva en segunda vuelta. Pero no le demos tres veces el voto a Macri, tras el desastre que hizo en materia económica.­

– ¿Las crisis nos enseñaron algo?­

– En la Argentina, en general, casi todo se piensa mal desde el punto de vista económico. Si pensar como lo hacemos estuviera bien, nos iría bien. Pero estamos en todo nuestro derecho de no cambiar.­

– El cambio duele…­

– Es pagar costos sociales, echar gente, etcétera. No hay ningún inconveniente, para eso tenemos democracia y para eso votamos. Ahora, no pidamos que nos vaya bien, nunca. Está archi probado que, así, nos va mal; y que es eso lo que genera que la Argentina siga `siendo crisis’.­

Para romper el modelo, se­ necesita una outsider real­
– ¿Por qué cree que, más allá de la impronta de cada gobierno, el país tiende al intervencionismo?­

– Es un sistema muy aceitado. La condición necesaria para que alguien rompa con esto es la llegada de una persona completamente fuera del sistema, sin ningún compromiso con lo que rige la Argentina desde hace cien años, con una enorme vigencia. Tal es la vigencia, que el electorado lo sigue votando y los gobiernos lo siguen aplicando.­

– ¿Usted cree estar exento de tener que devolver favores, si llega al poder?­

– Vengo del más absoluto, aguerrido y competitivo sector privado. Somos centenares de economistas compitiendo por el cetro.­

– ¿Y Macri no viene de un sector de la misma naturaleza privada?­

– Macri viene del sector típicamente prebendario de la Argentina: autos, el rubro más protegido del país, y construcción, que vive de la obra pública. Por eso nunca le tuve fe respecto de las reformas que dijo que iba a hacer. Por genética, está educado para no hacer cambios profundos.­

– ¿Apuesta que el Presidente no va a tener una segunda gestión?­

– Eso es otra cosa. Realmente no sé cómo van a resultar las elecciones. Ojalá que ganemos nosotros.­

La Prensa

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