Aseguran que cualquier avión de la fuerza aérea rusa ‎puede hacerse “invisible”

Un F-22 Raptor de la US Air Force fotografiado en el cielo sirio, a través de ‎la mira infrarroja de un Su-35 ruso. La imagen fue publicada en Instagram por el piloto ruso ‎Iván Ivanov.‎

Estados Unidos ha invertido enormes cantidades de dinero en el desarrollo del avión de guerra de ‎quinta generación F-35. Actualmente quiere fabricar durante la próxima década 5 000 ‎ejemplares del F-35. Al menos 2 400 de esos aviones serían para las fuerzas armadas ‎estadounidenses y el resto estaría destinado a la exportación. Debido a ese gigantesco programa, ‎Estados Unidos no se interesa actualmente por ninguna otra tecnología en el sector de la ‎aviación. ‎

El plan de equipamiento de las fuerzas armadas rusas sólo prevé actualmente 12 aviones ‎‎«invisibles» Su-57 y mantiene libre la cadena de producción para la exportación de ese avión. ‎Otros proyectos de aviones «invisibles» –el interceptor MiG-41, el avión de transporte PAK-TA ‎y el bombardero PAK-DA– han sido congelados. En cambio, los bombarderos Tu-160 y Tu-‎‎22M3 han sido actualizados. ¿Quiere eso decir que Rusia se está quedando atrás?‎

En septiembre de 2018, apareció en Instagram la foto de un F-22 Raptor estadounidense, avión ‎supuestamente «invisible», tomada en Siria con la mira infrarroja de un Su-35 ruso (ver la foto ‎que acompaña este artículo). El mismo Su-35 S –que no está considerado «invisible»– logró ‎ponerse en posición de ataque sin ser detectado por el radar del F-22 ni por el AWAC [1] estadounidense que debía cubrirlo ni por los radares terrestres. Según ‎nuestras fuentes, la maniobra del Su-35 ruso fue exitosa gracias al uso experimental de los ‎llamados «metamateriales». ‎

Los aviones de combate estadounidenses F-22 y F-35 están diseñados por ordenador. Los ‎ángulos de su estructura están concebidos de tal forma que dispersan las ondas de radar ‎en vez de enviarlas de regreso al equipo que las emite. Pero esos aviones de quinta generación ‎son detectables para los radares más cercanos (situados a 40 kilómetros o menos del avión ‎en vuelo). ‎

En cambio, la innovadora tecnología de los metamateriales absorbe el 90% de las ondas de radar y ‎es aplicable a cualquier avión existente. Es por eso que Rusia no está muy interesada en los ‎aviones de quinta generación. ‎

Los metamateriales son estructuras tridimensionales basadas en el uso de células ‎electromagnéticas tridimensionales, cuyo tamaño va de 1 a 2 milímetros, eficaces ante los largos ‎de onda milimétricos y centimétricos que utilizan los radares de los aviones y los radares ‎terrestres. Los metamateriales no afectan la recepción de los sistemas de radionavegación, las ‎comunicaciones clásicas ni las comunicaciones vía satélite. ‎

Investigaciones en ese sector se realizaron en el Instituto de Electromagnetismo Teórico y ‎Aplicado de la Academia de Ciencias de Rusia. En octubre de 2010, tres científicos rusos ‎publicaron los resultados de sus investigaciones sobre estructuras construidas con metamateriales ‎capaces de absorber las ondas de los radares (ver el documento al final de esta página). Esa ‎tecnología se sometió a ensayos en varios aviones militares rusos a partir de 2015. ‎

Si Rusia logra obtener buenos resultados en los ensayos con los metamateriales, estos pueden ‎aplicarse a toda la flota aérea rusa con un costo ínfimo. ‎

Hasta ahora, los aviones estadounidenses habían sido los únicos capaces de detectar al enemigo ‎antes de ser detectados y en poder atacarlo antes de ser «vistos» por los radares del adversario. ‎El fin de la superioridad de la fuerza aérea estadounidense impondrá un regreso a las maniobras de ‎combate aéreo de los años 1950. Y en esas condiciones, la superioridad aerodinámica inherente ‎al empuje vectorial de los aviones Su-35, Su-30 y MiG-35 significará para esos aviones rusos ‎una importante ventaja en relación con los F-22 y F-35.‎

Por el momento, la cuestión reside en que la tecnología de los metamateriales aún se encuentra ‎en su fase de investigaciones y en que la duración de las células electromagnética no va más allá ‎de las 100 horas. Pasado ese periodo de tiempo, es necesario reemplazarlas. ‎

Fuente: Voltaire

Conclusión

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