Venezuela en las puertas de una guerra civil

En un esfuerzo por mostrar colaboración, el canciller venezolano Jorge Arreaza ofrece una rueda de prensa a los medios. En ella, desempolva todas las notas diplomáticas e intercambio de cartas con el encargado de negocios de Estados Unidos en el país.

El diplomático busca con especial cuidado, exhibir que existen canales de diálogos con Washington, en medio de una invasión de críticas que enfrenta Venezuela de parte de los principales líderes norteamericanos.

El Senador republicano Marco Rubio (Florida), ha sostenido que la permanencia de Maduro en el gobierno “es una cuestión de tiempo”.

Mientras tanto, el presidente Donald Trump, congeló pagos a la petrolera estatal venezolana PDVSA e incautó los activos del país trasladando el control de los fondos al presidente de la Asamblea de Venezuela, Juan Guaidó.

En la conferencia de Arreaza, los medios opositores no pudieron preguntar, y los periodistas apuntados para interrogar al Canciller, fueron cautelosos con el tratamiento institucional a Nicolás Maduro como “presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela”. Tan solo el medio ruso Sputnik pudo hacer su intervención para la prensa internacional.

Quién también ha bloqueado fondos venezolanos fue Gran Bretaña.

El Banco de Inglaterra impidió al gobierno de Maduro, retirar USD$1.200 millones en oro, pertenecientes a las reservas del Central venezolano. Al mismo tiempo, la Foreign Office británica afirmó que trasladaría el control de las reservas al presidente Guaidó.

El Secretario de Asuntos Externos británico, Jeremy Hunt, defendió la medida del gobierno inglés, ya que las últimas elecciones venezolanas fueron “defectuosas” y reconoció a Guaidó como presidente interino de Venezuela.

Si estos fondos finalmente son trasladados a Guaidó y existe control real sobre las cuentas, el presidente de la Asamblea Nacional contaría con auténtico poder económico para tomar decisiones internas y respaldar financieramente a los diplomáticos de facto que representan al gobierno constitucional venezolano en el exterior.

Sin embargo, el elemento de la fuerza militar es clave para controlar el territorio. Las fuerzas armadas se mantienen leales a Maduro, pero una suma importante de grupos castrenses ha desertado del gobierno o, incluso, ha tomado las armas buscando derrocar al régimen.

Algunos oficiales de grupos de brigada, forman parte de la escolta del autoproclamado “presidente interino”, y el agregado militar de Venezuela en Washington, el coronel José Luis Silva, se declaró leal a Guaidó exhortando a otros militares a unirse.

La actitud de los militares es incierta. Los mandos que responden a Maduro controlan importantes recursos del Estado, mantienen a sus subalternos en las filas y dirigen el contrabando de crudo desde Venezuela hacia Colombia y Brasil (el control de PDVSA se encuentra en manos de las FFAA).

Sin embargo, Guaidó cosecha las simpatías de los cadetes y reclutas nuevos. Un grupo numeroso de integrantes de la Guardia Nacional Bolivariana se sublevó en una instalación militar al oeste de Caracas pero fueron desarticulados por las FFAA.

Sin comunicados de por medio, solo se conoció un tuit del número 2 del gobierno, Diosdado Cabello, que confirmó que los soldados fueron “neutralizados, rendidos y capturados en tiempo record”. Aún no se sabe el número de soldados presos ni a qué lugar fueron llevados detenidos.

El líder de la oposición reclamó paz y ofreció una amnistía a los militares que depongan sus armas y desobedezcan al Palacio Miraflores. Mientras tanto, en las calles de Caracas, Maracaibo y Valencia las protestas continúan.

La situación humanitaria en Venezuela se torna cada vez más delicada. A la anomalía de tener dos presidentes, se suma la desesperación en la que se hunde gran parte de la población.

Faltan medicamentos, la violencia urbana ha escalado a niveles inéditos y no se consigue comida por fuera del sistema estatal del carnet de la patria, la tarjeta que fue implementada por el gobierno para racionar alimentos a las familias.

Al mismo tiempo, los venezolanos están abandonando el país. Al menos 3 millones de personas han escapado del hambre y la inseguridad para acogerse en los países vecinos.

Según un informe de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), al menos 150.000 personas han huido en lo que va del 2019, es decir, cinco mil personas por día.

Se trata del desplazamiento de gente más importante de la historia de la región. Con la catástrofe humanitaria en su punto más alto, las FFAA divididas y un mayor poder económico a la oposición respaldada por la comunidad internacional, Venezuela se encuentra en las puertas de una guerra civil.

Conclusión

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