La muerte de Débora Pérez Volpin inspiró un libro con enseñanzas para médicos

Una muerte totalmente evitable, absolutamente innecesaria. Así describió lo que le ocurrió a la periodista y legisladora Débora Pérez Volpin el médico, investigador y profesor Salomón Schächter, un destacado profesional con más de 50 años de trayectoria en la medicina y numerosas distinciones por su trabajo.

El caso que conmocionó al país también movilizó a este especialista en Ortopedia y Traumatología quien confesó que se sintió golpeado por el desenlace fatal que tuvo la videoendoscopía que le practicaron a Pérez Volpin en febrero del año pasado.

“A Débora no la conocí pero su muerte me impactó muy fuerte, me golpeó en lo humano y en lo médico. En lo humano, consideré que era una muerte totalmente evitable, absolutamente innecesaria. Desde el punto de vista médico, me impactó como docente, como profesor -soy profesor de la UCA y de la UBA-. Me pregunté qué es lo que hacemos tan mal para que los médicos no tengan esos conocimientos, me sentí avergonzado de que estas cosas pudieran suceder”, se lamentó Schächter en una entrevista con La Prensa, en la que también recordó con cariño al padre de la periodista, el médico Aurelio Pérez Flores, con quien trabajó durante muchos años en el Hospital Fernández.

Tan solo un mes después de la muerte de Pérez Volpin, Schächter decidió ponerse en acción con el objetivo de revertir una realidad inquietante: cada año mueren miles de personas por no tener a su lado alguien con conocimientos de las maniobras adecuadas, que deberían ser aplicadas frente a una emergencia vital o, lo que es peor, porque estas maniobras son aplicadas mal, al estar basadas en ideas erróneas. Fue así que comenzó a escribir el libro “Destrezas médicas para salvar vidas”, un tratado que reúne los conocimientos de primeros auxilios que deberían dominar todos los médicos, cualquiera sea su especialidad, y que ya está disponible de manera gratuita en sus distintos formatos (para PC, smartphone, e-book y PDF) en el sitio www.destrezasmedicasparasalvarvidas.com.

“Cuando hice mi residencia en Nueva York, en el Hospital St. Luke”s y en el St. Vincent, el primer año fue de cirugía general y los primeros tres meses fueron de emergentología. Durante esos tres meses tomé apuntes en un cuaderno, al que recurrí para escribir los diez capítulos que están incluidos en mi libro. Por supuesto, mis apuntes fueron actualizados bibliográficamente para ponerlos a la fecha de hoy porque muchas cosas han cambiado”, relató.

Como ejemplo de los procedimientos que han cambiado entre aquella época de residente y la actualidad, mencionó las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). “Antes se hacía la RCP a corazón abierto. De repente uno estaba operando un pie y había que abrir el tórax, tomar el corazón, masajearlo, hasta que volviera a tomar ritmo. Hoy en día se hace masaje cardíaco externo”, graficó este médico, investigador y profesor, que se autodefine como un trabajador apasionado.

Durante la entrevista, Schächter insistió en que muertes evitables como las de Pérez Volpin ocurren todos los días. “Sin más, cabe recordar dos episodios bastante recientes: hubo un concurso en Pinamar para ver quién comía más medialunas y uno de los concursantes se atragantó con una medialuna y se murió. No hubo nadie que pudiera hacer las maniobras, muy sencillas, que están descriptas en el libro y podrían haberle salvado la vida. Otro episodio se dio durante los Juegos Olímpicos de la Juventud en la Argentina. Un organizador extranjero, en medio de las sesiones, hizo un paro cardiorrespiratorio y no había nadie que pudiese hacerle la resucitación”, recordó.

Ocurre que, según afirmó, la currícula de las facultades argentinas de Medicina no incluye el capítulo de emergentología. Se enseña como una especialidad de posgrado.

El dato es sorprendente, en especial si se tiene en cuenta que “ante una emergencia vital el médico dispone de seis minutos para actuar. Si actúa en los primeros cuatro minutos, puede salvar al enfermo sin lesiones cerebrales. Si actúa después de los cuatro minutos, pero dentro de los seis, puede salvarle la vida. Después de los seis minutos, no hay recuperación posible”, detalló Schächter.

EN CRISIS

Consultado sobre los motivos detrás de estas notables carencias educativas en la formación médica, el galeno sostuvo que confluyen una serie de factores. “Muchas de las facultades de Medicina funcionantes no tienen su currícula actualizada. Además, muchas admiten más alumnos que los que pueden educar. Tienen capacidad para mil pero ingresan 3.000. Muchas no tienen hospitales propios, usan hospitales públicos. De hecho, el 90% de los médicos que se forman en la Argentina lo hacen en los hospitales públicos y así se pierde el control de la calidad de enseñanza”, enumeró. “Sucede en muchos casos que los profesores ‘hacen como que enseñan’ y los alumnos ‘hacen como que aprenden’, pero el enfermo no ‘hace como que'”, remarcó.

Respecto del momento en que comenzó esta crisis en la formación médica, Schächter evaluó que puede encontrar correlación con la extraordinaria evolución de la medicina en los últimos años, que exige una actualización urgente. “Lo que se ha avanzado en los últimos 20 años supera lo que se avanzó en los últimos 500. Y lo que está por venir, en especial en dos especialidades -medicina regenerativa, en la que estoy en investigación, y medicina genómica- en los próximos 20 años va a ser inimaginable. Las facultades van a tener que actualizarse, adaptar su currícula a los nuevos conocimientos”, refexionó.

Asimismo, hizo hincapié en el deterioro que sufrió la profesión desde el punto de vista humano. “Esa relación médico-paciente que existía, ya no existe. Hoy el médico no tiene tiempo ni para revisar a los enfermos. El paciente le dice que le duele algo y el médico ya le indica una resonancia magnética, una radiografía, una tomografía computada, que son estudios carísimos, pero no le pone un dedo encima, no lo revisa. Y cuando el paciente le lleva los estudios, lee el informe que le hace un especialista que no tiene la más mínima noción de lo que tiene el enfermo. En base a ese informe, el médico hace el diagnóstico y la indicación”, describió con pesar.

“El médico está malpago y muy presionado porque los sistemas de salud disponibles no le ofrecen la posibilidad de quedarse media hora con un paciente. En 10 minutos tiene que ver un paciente y llamar a otro, a pesar de que en el 90% de los casos, tan solo con el diálogo con el paciente es posible determinar el diagnóstico, es cuestión de escucharlo”, prosiguió.

Por otra parte, el catedrático se refirió al modo en que cambió la imagen del médico como consecuencia del deterioro del trato humano entre éste y sus pacientes. “En una etapa estábamos en una torre de marfil. Nadie se atrevía a contradecirnos ni a cuestionarnos. Hoy la gente nos cuestiona. Cuando atendía consultorio, la mayor parte de los enfermos venía habiéndome googleado, y me cuestionaban. Yo hacía un diagnóstico y me pedían que les explique por qué les ofrecía tal cosa, por qué les indicaba una operación o dejaba de indicarla”, expresó.

NUEVA PRIMAVERA

A pesar del complejo panorama, Schächter mantiene su optimismo. “El médico es una figura muy importante en la sociedad. Es y seguirá siendo un líder dentro de la comunidad, especialmente en comunidades pequeñas. La primavera siempre vuelve y creo que se va a reestablecer ese vínculo pérdido con los pacientes”, aseguró, al tiempo que remarcó: “Mientras se vea a la salud como un gasto y no como una inversión, nunca habrá cambios. Invertir en salud es invertir en el futuro de la sociedad”.

Mientras tanto, este médico con firme vocación de enseñar ya ha realizado una valiosa contribución en pos del cambio con su libro de acceso libre y gratuito.

“Mi sueño es que todos los médicos que hacen guardia lo tengan en su celular y lo utilicen para los casos que están descriptos para salvar vidas. Si con todo esto que hemos hecho lográsemos salvar una sola vida, ya se habrá justificado la tarea”, finalizó.

La Prensa