La macabra trama detrás del femicidio de una embarazada en Tucumán

El jueves 28 de marzo, un turista encontró el cadáver de Elba Ibáñez, el cual yacía en una zanja al costado de la Ruta 60 en la rotonda de ingreso al Paso de San Francisco, en la localidad de Fiambalá, departamento Tinogasta, Catamarca. La joven de 30 años había sido golpeada y presentaba múltiples golpes. Su autopsia arrojaría que cursaba el segundo mes de embarazo.

La división de Policía Científica encontró el bolso de la víctima: en el interior estaba su celular, pertenencias personales y documentos. Sin embargo, lo que llamó poderosamente la atención fue una tableta de misoprostol, el medicamento utilizado habitualmente para realizar abortos.

Luego de un mes y medio de ardua investigación, el fiscal Jorge Barros Risatti logró atacar cabos que lo llevaron a una valiosa confesión de la última persona que vio con vida a Elba: Lorenzo Quiroga compañero de Elba en la Municipalidad de Fiambalá y quien realizaba abortos clandestinos.

Este sería el nexo entre la víctima y el confeso asesino. Ibáñez tenía un contrato municipal en el Ministerio de Desarrollo. Era muy introvertida y le contaba pocas cosas a su familia. No obstante, una compañera suya sí tenía buena relación y fue la primera en declarar: Elba le había confirmado el embarazado y también que no quería seguir adelante con él. Sin embargo nunca confesó quién era el padre.

Entre los consejos que pidió en la Municipalidad, con total hermetismo, alguien le recomendó a Quiroga quien realizaba abortos en su domicilio. El hombre, que trabaja en el área de obras públicas de la municipalidad, fue el último que habló con ella según arrojó la pericia en el celular de la víctima.

Ese resultado catapultó un allanamiento en el domicilio de Quiroga que arrojó el hallazgo de varias armas de guerra. Por eso lo detuvieron y miuntos antes indagatoria, se quebró y frente al doctor Barros confesó su participación en la muerte de la mujer aunque aclaró que no la golpeó ni la estranguló a pesar de las marcas encontradas en el cuerpo. Él aludió a un accidente.

“Habíamos quedado por teléfono en que la pasaba a buscar por la casa y la llevaba a la mía. Yo me atrasé. Se me hizo tarde. Me llamó varias veces, estaba desesperada y ansiosa. Ella empezó caminar para este lado y la levanté con la camioneta a mitad de camino y fuimos a mi casa”, contó Quiroga sobre el día en que la mujer falleció.

Tras descartar cualquier relación sentimental entre ambos, contó que el procedimiento para interrumpir el embarazo él lo realiza con una sonda, inyecciones y medicamentos. Contó que se inicia en ese momento pero que el feto es expulsado algunos días después. Eso dio alguna pauta a los investigadores de porque encontraron misoprostol en la cartera de la víctima.

“En un momento del tratamiento la chica comenzó a descomponerse. Se desmayó. No tenía pulso. Intenté reanimarla pero no pude. Se murió. No supe qué hacer. Cargué el cuerpo en la camioneta Renault Kangoo gris y como le tenía aprecio, la dejé en una zona transitada para que sea encontrada lo más rápido posible”, dijo disculpándose por su terrible accionar.

Los investigadores creen que el relato es verídico en cuanto al porqué del encuentro. Sin embargo, no cuaja el cuadro de situación del cuerpo de la víctima con el relato del hombre que agregó: “Cuando la estaba dejando en la ruta se me cayó y se golpeó la cabeza con el piso, por eso deben ser los golpes”. La autopsia fue clara: los golpes fueron en vida y la marca en el cuello habla de asfixia por lazo.

De a poco, la trama detrás del femicidio comienza a ver la luz. Sin embargo, todavía resta saber qué paso esa noche dentro del domicilio cuando se iba a practicar el aborto. En el medio, la familia de la joven pide justicia. Y su abogado, Luciano Rojas, que la causa se agrave ya que ahora está caratulada como “Homicidio simple”.

Crónica

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