Dermatitis atópica, una enfermedad que empeora con el frío

El aire seco, los cambios bruscos de temperatura y los espacios calefaccionados disminuyen la humedad del ambiente, por lo que impactan en la hidratación de la piel y generan un microclima desfavorable para quienes tienen dermatitis atópica.

La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica -no contagiosa- que altera el sistema inmunitario y, en su variante severa, se manifiesta frecuentemente con brotes en la piel, picazón intensa y persistente, dolor, enrojecimiento, costras, secreciones e infecciones. Está comprobado que las personas con dermatitis atópica experimentan más picazón en invierno, porque la piel sensible de estos pacientes reacciona ante los cambios bruscos de temperatura.

Cuando comienza el invierno, el frío aumenta los brotes y agudiza los síntomas de irritación por la DA. Los ambientes cerrados y climatizados resecan la piel, empeorando el cuadro de quien posee eccemas. Esto hace importante -en esta época del año- insistir en los cuidados que la piel sensible necesita.

RECOMENDACIONES

* Mantener los ambientes húmedos (colocando en cada uno un recipiente con agua)

* Realizar baños cortos, con agua tibia

* Utilizar jabones sin perfume

* Aplicarse abundante crema humectante, tras secarse la piel con una toalla suave.

* No sobreabrigarse

* Vestirse en capas, con ropa fácilmente removible

* Evitar el aumento de la temperatura corporal y la sudoración.

Esta enfermedad se presenta como una picazón intensa y enrojecimiento de ciertas zonas de la piel como el cuero cabelludo, la cara, el cuello, la zona de pliegues o como eczema crónico de las manos. También puede comprometer la zona genital, pezones y areolas y provocar un gran impacto en la calidad de vida.
Aparece mayoritariamente en la infancia y, en un porcentaje importante de casos, con los años el cuadro se va revirtiendo. Sin embargo, en 3 de cada 10 pacientes la condición continúa tras la pubertad y, de hecho, algunas personas inclusive experimentan los primeros síntomas recién en la adultez. Los casos severos en adultos tienden a ser alrededor del 5%.

La forma “severa” de la enfermedad -fundamentalmente- afecta en forma considerable la calidad de vida: impacta en el desempeño laboral, su familia, la realización de actividad física o la posibilidad de conciliar el sueño. Puede ocasionar baja autoestima, temor a ser visto, sufrir bullying y depresión.

Se estima que 4 de cada 10 personas con DA severa sienten vergüenza y 1 de cada 2 se frustra por su enfermedad con frecuencia o siempre. Produce ausentismo laboral (el triple que una persona sana)y escolar: los adolescentes en promedio pierden 26 días de clase al año (3,5 días por cada episodio).

Para la versión leve de la enfermedad, el tratamiento está dirigido a mejorar la barrera cutánea (integridad de la piel), evitar su deshidratación y tratar la inflamación. Por tanto, ayuda mantener la piel humectada e hidratada con cremas especiales.

La fototerapia aporta beneficios y existen tratamientos sistémicos a partir de drogas más complejas, pero que no resultan muy eficaces en los casos severos, por lo que hay una necesidad insatisfecha en términos de medicaciones, dirigidas específicamente al proceso inflamatorio subyacente.

Recientemente se creó ADAR, una asociación civil integrada por pacientes y familiares afectados por la dermatitis atópica. “Queremos informar y ayudar a quienes padecen esta enfermedad crónica, porque puede ser de gran ayuda conversar con quien atraviesa por lo mismo”, refirió Mariana Palacios, presidente de ADAR, quien invitó a conocer más sobre la organización en www.adar.org.ar.

La Prensa

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