Ni el hincha más pesimista imaginaba este desenlace. Después del triunfazo agónico en Guayaquil ante Barcelona, Argentinos parecía tener el panorama controlado. Sin embargo, el equipo de Nicolás Diez no estuvo a la altura en casa, desperdició su momento en el primer tiempo y terminó pagando caro sus falencias. La eliminación, tan temprana como inesperada, tira por la borda el tercer puesto en la última tabla anual y se suma al reciente traspié en la Copa Argentina.
La ventaja 1-0 conseguida en la ida terminó siendo un arma de doble filo. En los primeros 45 minutos, el Bicho monopolizó la pelota pero con un dominio intrascendente. Lozano y Prieto proyectaron por las bandas, el equipo se instaló en campo rival, pero le faltó profundidad. Más allá del gol anulado a Oroz por mano previa de Viveros tras revisión del VAR, casi no exigió entre los tres palos y se fue al descanso sin diferencias.
En el complemento, todo se torció. Si López Muñoz, Lescano y Porcel no logran desequilibrar ni acertar el pase final, el circuito ofensivo se diluye. Que Fattori haya sido figura en el quite y la distribución refleja el déficit creativo. Barcelona avisó con Rojas y luego golpeó con un derechazo bajo de Jhonny Quiñónez que dejó sin reacción a Argentinos. El impacto fue anímico: el equipo entró en una nebulosa y, más allá del empuje final y alguna intervención aislada, no generó lo suficiente para revertir la historia.
Los penales volvieron a convertirse en un karma. El suspenso del remate de Giacone encendió la ilusión, pero Morales y Riquelme fallaron sus oportunidades, Godoy la mandó por encima del travesaño y el Bicho se quedó sin Copa. Un adiós prematuro que golpea fuerte en La Paternal y deja al equipo sin año internacional cuando el objetivo era instalarse en la fase de grupos de la Libertadores.