Pese a los fuertes escándalos, los cruces en los vestuarios y las graves denuncias tras la eliminación del Mundial 2026, la Federación Egipcia de Fútbol (EFA) acordó este jueves renovar el contrato del seleccionador nacional, Hossam Hassan.
El entrenador de Egipto estaba armando quilombo como un desaforado en los pasillos del estadio. Pasó Scaloni, lo ignoró completamente y lo corrió para pasar.
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La institución decidió priorizar el histórico rendimiento deportivo de los Faraones en la Copa del Mundo por sobre las polémicas declaraciones de su entrenador, quien estalló contra el arbitraje y la delegación argentina tras caer de forma agónica por 3-2 en los octavos de final.
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A través de un comunicado oficial, el presidente de la entidad, Hany Abu Rida, confirmó que la junta directiva aprobó la continuidad del director técnico. Aunque el trámite formal se ratificará este viernes cuando la delegación regrese a Egipto, los medios locales aseguran que el nuevo vínculo se extenderá hasta el año 2030, apuntando al próximo proceso mundialista que se disputará en España, Portugal y Marruecos.
Hassan, de 59 años, asumió en febrero de 2024 y ostenta un sólido balance de 19 victorias, 10 empates y solo 5 derrotas en 35 partidos.
Las razones del escándalo y las denuncias sin pruebas
La sorpresiva renovación llega apenas horas después de que Hassan protagonizara un fuerte cruce mediático y dirigencial. El entrenador no asimiló el impacto de haber dejado escapar una ventaja de 2-0 a falta de 15 minutos para el cierre ante la vigente campeona del mundo, y disparó con dureza en conferencia de prensa asegurando que el arbitraje del francés François Letexier no había sido “ni justo ni equitativo” debido a supuestas presiones del entorno argentino.
El punto más crítico de la jornada se desató en los pasillos rumbo a los vestuarios, donde se produjo un tenso cruce cara a cara con el cuerpo técnico de Lionel Scaloni. En ese contexto de máxima tensión, la delegación africana llegó a denunciar públicamente un supuesto “acto de discriminación y racismo” por parte del equipo arbitral, una gravísima acusación que la Federación Egipcia incluyó en su reclamo formal ante la FIFA pero que, con el correr de las horas, no pudo ser respaldada con ninguna prueba material o fílmica que la sostuviera.
Egipto centró sus quejas en dos jugadas puntuales del tiempo adicionado: un agarrón de camiseta sobre Hamdy Fathy y un contacto entre Julián Álvarez y Mohamed Salah en el área albiceleste justo antes del tercer gol argentino, además de un gol anulado a Mostafa Zico al inicio del complemento.
Sin embargo, lejos de castigar el perfil confrontativo de su entrenador, la cúpula dirigencial egipcia entendió su reacción como una defensa genuina del orgullo deportivo de su país, transformando la eliminación en un espaldarazo político para blindar su continuidad hasta el 2030.