Boca Juniors no levanta. Empató 0 a 0 ante Platense en la Bombonera, dejó otra imagen preocupante y se fue envuelto en silbidos. El equipo de Claudio Úbeda no encuentra respuestas futbolísticas ni anímicas y la gente explotó. El grito final fue un mensaje directo: “contra Racing cueste lo que cueste”, síntesis de una paciencia que se agotó.
Boca sufrió el partido. No lo jugó: lo padeció. Nunca logró imponer condiciones ni encontrar una identidad que lo sostenga. Aunque Leandro Paredes volvió a ser el eje del mediocampo, el funcionamiento colectivo siguió siendo forzado, espeso, sin fluidez. Lo más claro del primer tiempo fue un centro de Ángel Romero para el cabezazo de Lucas Janson, que tapó Juan Pablo Cozzani Borgogno. Del otro lado, Platense casi golpea con un remate de Ignacio Saborido que dio en el palo.
El arranque del complemento mostró otra actitud. Boca empujó, generó dos situaciones rápidas y pareció despertar. Janson tuvo una clara tras un error defensivo y después llegaron intentos de Miguel Merentiel y otra vez Paredes. Pero fue un espejismo. Platense se ordenó, manejó los tiempos y volvió a incomodar. Úbeda movió el banco: entraron Edinson Cavani, Marcelo Weigandt y el juvenil Gelini, que tuvo una chance clarísima de cabeza.
Nada alcanzó. Cavani también tuvo la suya, pero su definición no cruzó la línea. A los 27 del segundo tiempo bajó el clásico “movete, Xeneize, movete”, último intento popular por provocar una reacción que no llegó. Para colmo, Paredes salió lesionado y encendió otra alarma. El cierre fue una postal repetida: silbidos, bronca y un pedido de renuncia que dejó a Úbeda contra las cuerdas. Boca no gana, no convence y, lo más grave, no transmite señales de mejora.