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Alejandra Pradón: “Tuve una carrera maravillosa, pero hoy elijo vivir tranquila”

Siempre sensual, maquillada, cargada de brillo y luciendo tacos altos, Alejandra Pradón parece respetar al pie de la letra aquella conocida frase que dice: “Antes muerta que sencilla”. O al menos así luce y así se la ve a la ex vedette cuando está fuera de su casa y en público. Y días atrás, cuando fue al centro de estética Clamil, ubicado en el barrio de Belgrano, no fue la excepción. Es que con un look súper canchero de jeans gastados, musculosa, bucaneras en color natural y lentes de sol, la exuberante rubia no pasó desapercibida mientras caminaba por Avenida La Pampa.

“Ir al centro de estética es algo normal para mí. Soy coqueta desde los 15 años. Antes de los 18 mi papá me firmó para que me fuera a trabajar a una escribanía, y siempre me gustó andar en tacos, botas altas, pantalones ajustados. ¿A quién no le gusta estar bien, verse arreglada? Es lindo que la mujer esté cuidada. Yo me veo una uña mal y se me cae el mundo. Voy enseguida a este lugar para que me hagan las manos. Cuando tuve el accidente, hace catorce años, lo primero que pedía era que me hicieran las uñas. Yo postrada, con un corsé, meses y meses toda quebrada, sin poder moverme, acostada, donde nadie me veía… y esta gente me hacía las uñas. No me puedo ver mal”, arranca contando la artista, que alcanzó la popularidad en los ´80 como integrante de una rumba flamenca, mientras sale del salón de belleza.

Volver a nacer. Tras el dramático episodio que le tocó atravesar en 2004 al caer de un séptimo piso, Alejandra logró sobreponerse y salir adelante optando por resguardar su bienestar personal y alejarse un poco de la exposición mediática. Pero a pesar de no estar tan expuesta, la rubia nunca dejó de cuidarse y producirse. “Mi genética ayuda mucho para verme bien. Tengo buena piel. Además, el doctor Félix me cuida también, y grabé para un reality de ellos con un par de cositas que me hice. Me hago plasma desde hace cinco años. El empezó conmigo con eso para mejorar un poco el tema de las cicatrices. Eso regenera cinco capas y da colágeno. Es fantástico para cara, cola, piernas…”, revela la rubia mientras se anima a hablar de cómo atravesó su momento más duro.

“Ahora todo es el rating, la economía… ¡y yo no estoy para discutir! Yo peleé con la vida y con la muerte. Estuve desangrada, en terapia intensiva y es la realidad. Se me habían roto los vasos sanguíneos y el tonto que estaba conmigo, mi pareja de entonces, me paró para esconderme en la entrada de casa y me rompió los vasos sanguíneos con mis propios huesos rotos y me desangré. Ahí me sacaban todo drenando. Estaba por morirme, anémica, con morfina, muerta en vida, toda conectada. Por otro lado me ponían sangre con transfusiones que no daban abasto durante dos meses. Por eso no aguanto el rating. Yo voy si me invitan, pero no por plata sino para pasarla bien. Si voy al boliche con amigos me divierto, pero a las presencias voy unas horas y vuelvo. Fueron muchos años haciendo hasta tres funciones de teatro por noche, más de treinta obras en Argentina, Miami, Perú, Uruguay, etcétera. Hoy elijo vivir tranquila. Obvio, fue una carrera maravillosa la que tuve, no me quejo y me enorgullece. Fue de lunes a lunes, sin feriado, temporada, fiestas, y así es la vida del artista. No es nada fácil”.

–Sos muy querida en el medio…
–Me llevo bien con todos. Polino es uno de mis mejores amigos, y Alejandra Mora es otra. Hay diferentes etapas. A veces uno extraña a los compañeros de trabajo, como Las Rumberas. Estamos en contacto por Facebook porque no uso las redes. No soportaría la maldad y las críticas. Soy una niña sensible.
–Ahora se habla mucho de la cosificación de la mujer cuando muestran sus curvas. ¿Lo sentiste así en tu carrera alguna vez?
–En los contratos siempre ponía que si me usaban de objeto o me decían una mala palabra me iba. Y me pasó con Corona, cuando saliendo con Coppola se sarpaba, Guillermo me defendió. Nunca me pasó que en otro trabajo me trataran mal.
–¿Qué te atrae de un hombre?
–Que me divierta, me entienda y sepa que me tengo que arreglar y ocupo mucho tiempo en eso. El 50 por cierto es la estética, y me lleva tiempo. Hay que arreglarse. Muchos hombres no entienden, pero es porque son medio animales, les importa nomás verte sexy. Me encanta estar en tanga o en corpiño, tranqui, sin tanto conchero del escenario. En verano estoy desnuda en casa, pero si viene mi familia: remera, short y listo. Yo voy así a la perfumería y me manejo así.
–¿Y has dejado trabajos por amor?
–Sí. Arzeno, un ex, me lo pidió. El Polaco era un jugador de Independiente. Decía que otros se ratoneaban como él. Y cuando empezamos a convivir dejé todo, Rotemberg, Tristán, el teatro. Con Daniel Comba he dejado la rumba, lo aprecio como persona y lo quiero mucho. No me quedé enamorada de alguien del pasado. Lo que fue, fue.
–¿Estás en pareja?
–Me gusta estar tranquila y sola. Disfruto recibir amigos y no tener que compartir el control con alguien que mira fútbol. Casas diferentes o algún día se puede dar. Preservo mi vida privada. Si estoy con alguien, cada uno a su casa o un hotel lindo para pasar un buen momento. Si uno no se quiere no te quiere nadie, hoy me priorizo yo.

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